Queridos blogespectadores, esta semana se me ha confirmado de que estamos en un pais en que se nos toma a la audiencia por imbecil, en un programa malamente mitificado, el cual me produce un fuerte sindrome de Estocolmo, llamado, por ejemplo OT. Se supone que es un programa donde se crean ídolos de masas, si si! alguien sale una vez por semana canta una canción y se le valora. Pero como la audiencia no se conforma con una visión imparcial, es mejor jugar un pokito. Vamos a darle carnaza de la wena!!! vamos a demostrar a los telespectadores lo gratificante que es que unos yogurines caducados ridiculicen a la única concursante que no esta pasada de fecha, la unica que ofrece algo nuevo, ... en fin, no quiero vislumbrar preferencias... A lo que voy, que siento como el honor se pierde y florecen las envidias las falsas acusaciones, y las coacciones del mayoritario que quedan impunes...por lo visto también manejan a una banda de profesores meapilas que sabrán muucho de música pero poco de didactica, que no son capaces de poner limites a una situación denunciable ( por cierto, esto sale en horario infantil y estos son los supuestos nuevos ídolos, fomentemos el bulling, y la trampa en detrimento de la humildad, el talento y la educación)
Para terminar mi edicto, y volviendo a que nos consideran borregos, darles la enhorawena a los especialistas en montaje difamatorio, CASI NOS LA METEIS DOBLADA!
Sabeis hacer wenos racords, pero teneis una deficiencia espacio temporal, JAJA
saludos encara2
Go Risto
lunes, 23 de junio de 2008
lunes, 16 de junio de 2008
bienvenida
Querido estudiante:
Parece mentira que haya tenido el valor de bien gastar veinte minutos de mis 1450 diarios, para leer treinta paginas que resumen dos años de mi vida. Me surgen dudas al pensar por que cuando éramos unos insignificantes y esperpénticos adolescente con aires de grandeza, otorgábamos importancia a la insignificancia de amores y amistades fugaces, anodinas, pasionales, descaradas, retóricas, y apocalípticas; de las que creías aprender cada día, cuando en realidad marcaban las pautas de una cotidianeidad ficticia, a la que te aferrabas cual melodía a su compás.
Construíamos un pasado en el que llorábamos, cantábamos, bebíamos y suplicábamos por cumplir esperanzas perdidas, castillos en el aire y utopías raudas.
Malgastábamos los días buscando respuesta a las casualidades, nos convertíamos en filósofos por unas horas y un rato después contradecíamos nuestras doctrinas, tropezando más de tres veces en la misma piedra, haciendo proselitismo de que las normas estaban para no cumplirlas y las relaciones para no cuestionarlas. Y ahora pienso, que realmente maduramos cuando nos reímos de las lágrimas derrochadas en el pasado, y como universitarios… ¿verdaderamente es así? ¿Realmente leemos un libro por gusto buscando nuestra propia moraleja y no la conveniente por una asignatura, o dejamos que las cosas sigan su curso, dejamos que corra el agua a libre albedrío aferrándonos a la idea de que el río de lo correcto volverá a su cauce en un futuro próximo?
Por desgracia, el tiempo que pasemos como estudiantes seguirá siendo como una cárcel sin guardia, y seguiremos cayendo y reiterando. Cuando leo con nostalgia sarcástica estas paginas, me doy cuanta de lo mucho que nos hemos dejado en el camino, aparte del incesante tictac del reloj: amistades, recuerdos, confidencias… no somos más que mercenarios de “lo que toca en este momento”.
Ahora, a punto de cumplir un curso , yo me pregunto, nosotros que nos creemos con la increíble capacidad de seleccionar escrupulosamente lo que queremos y desdeñamos, ¿Todas las personas y enseñanzas que más valoramos de nuestro entorno, seguirán ahí en un futuro, o quedaran como una simple reseña entre las hojas de un diario viejo.?
Un buen profesor me dijo que la mayoría de las revoluciones utópicas perecían en el camino, es preferible comenzar por cambiar lo que tenemos cerca, valorando nuestros medios, nuestra gente y nuestro tiempo, haciéndolos perennes revolucionarios en nuestras vidas, y no, caducas alusiones de un tiempo, que desgraciadamente, terminará pasando.
Nuska
Parece mentira que haya tenido el valor de bien gastar veinte minutos de mis 1450 diarios, para leer treinta paginas que resumen dos años de mi vida. Me surgen dudas al pensar por que cuando éramos unos insignificantes y esperpénticos adolescente con aires de grandeza, otorgábamos importancia a la insignificancia de amores y amistades fugaces, anodinas, pasionales, descaradas, retóricas, y apocalípticas; de las que creías aprender cada día, cuando en realidad marcaban las pautas de una cotidianeidad ficticia, a la que te aferrabas cual melodía a su compás.
Construíamos un pasado en el que llorábamos, cantábamos, bebíamos y suplicábamos por cumplir esperanzas perdidas, castillos en el aire y utopías raudas.
Malgastábamos los días buscando respuesta a las casualidades, nos convertíamos en filósofos por unas horas y un rato después contradecíamos nuestras doctrinas, tropezando más de tres veces en la misma piedra, haciendo proselitismo de que las normas estaban para no cumplirlas y las relaciones para no cuestionarlas. Y ahora pienso, que realmente maduramos cuando nos reímos de las lágrimas derrochadas en el pasado, y como universitarios… ¿verdaderamente es así? ¿Realmente leemos un libro por gusto buscando nuestra propia moraleja y no la conveniente por una asignatura, o dejamos que las cosas sigan su curso, dejamos que corra el agua a libre albedrío aferrándonos a la idea de que el río de lo correcto volverá a su cauce en un futuro próximo?
Por desgracia, el tiempo que pasemos como estudiantes seguirá siendo como una cárcel sin guardia, y seguiremos cayendo y reiterando. Cuando leo con nostalgia sarcástica estas paginas, me doy cuanta de lo mucho que nos hemos dejado en el camino, aparte del incesante tictac del reloj: amistades, recuerdos, confidencias… no somos más que mercenarios de “lo que toca en este momento”.
Ahora, a punto de cumplir un curso , yo me pregunto, nosotros que nos creemos con la increíble capacidad de seleccionar escrupulosamente lo que queremos y desdeñamos, ¿Todas las personas y enseñanzas que más valoramos de nuestro entorno, seguirán ahí en un futuro, o quedaran como una simple reseña entre las hojas de un diario viejo.?
Un buen profesor me dijo que la mayoría de las revoluciones utópicas perecían en el camino, es preferible comenzar por cambiar lo que tenemos cerca, valorando nuestros medios, nuestra gente y nuestro tiempo, haciéndolos perennes revolucionarios en nuestras vidas, y no, caducas alusiones de un tiempo, que desgraciadamente, terminará pasando.
Nuska
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